DOÑA MARIETA
Enjuta, baja y coronando su cabeza un rodete entoquillado
asoma a las puertas de mi infancia, Doña Marieta, habitante de los fondos de la casa de la Nona y de mis sueños de las brujas.
Juntamente a Don Esteban, su marido, ocupaba desde lejanos tiempos, dos piecitas y cocina, que mis abuelos y por unos pesos fuertes, en los albores del siglo, les habian alquilado.
Entre ellos y los míos, subsistía una historia de disputas, malentendidos, maldades y fría vencindad latente, que poblaba caprichosa, mi infantil imaginación con oscuras incógnitas fantásticas.
Mi tía Elsa, principal
punta de lanza de mis huestes familiares, dedicaba largas horas en
arengas en su contra, desgranando, descriptiva, la malévola intención de
su inquilina, mientras ella ... en flagrante desmentida a sus palabras,
concurría muy devota, los siete dias de Dios, a la misa de las
siete, en la iglesia de la calle de Liniers.
Esmirriada
casi, tal vez no solo en cuerpo, sino también en alma, se dejaba ver
pausada, por los patios luminosos, apuntalando un andar, de quien sabe
que desvelos de arrogancia pastoril, con un rictus de amargura, una
mirada casual, la sonrisa a contrapelo y sus chancletas cloqueantes, que
constrastaban sonoras, con el andar casino y calmo, de su compañero
que parecía una sombra.
Sus
piecitas permanecían cerradas, cubiertas sus entradas con pesados
cortinajes, que velaban ¡Oh Dios mio! las maravillas de su interior a
mis ojos inocentes ... ya que estaba prohibido por decreto, jugar en el
patio de los fondos y solo al pasar hacia el baño, espiar sus
movimientos, como cuando el hijo los visitaba y entonces se convertían
familiarmente en "la cría"
¡Doña Marieta!
¿Qué reveses de la vida te marcaron malamente?
Pobre
mujeruca gris, que a Satanás remedabas y al país habrás llegado,
alentando una esperanza, para luego transportarla, destrozada entre tus
manos, sin aliento, sin sonrisas, sobrevellevando la vida,
desbarrancando tu historia, criando un hijo, tal vez, ni planeado ni
deseado, quien lenta e inexorablemente te alejaba, de tus sueños y
certezas.
Doña
Marieta ... que en los fondos de la casa de la Nona
quietamente te morías, eras sin duda, solo una lánguida sombra, lágrimas
de impotencia mordida y tal vez ... solo tal vez, un amor abandonado,
la nostalgia de otras tierras y el rumor de algún recuerdo, que
atormentando tus noches y justificando tus días, fue aplacando con
piedad, los reveses que en la vida te marcaron para siempre.
Cristina Mazzini 2011 sobre un escrito original de 1976
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